¿Qué debemos saber sobre la estimulación de la memoria?

por Gisella Magagna | May 03 ,2015

La pérdida de memoria siempre ha sido considerada una de las principales preocupaciones para la gente mayor. Sin embargo, podríamos decir que a pesar de que ocurren una serie de cambios en el organismo humano, no todos tienen que ser asociados a una enfermedad, ya que también están aquellos que se consideran propios del envejecimiento.

Por ejemplo, notar que toma más tiempo aprender algo nuevo, dificultad para recordar algo reciente, pérdida de atención cuando se realiza más de un tarea, etc. Uno de los aspectos que tiene que quedar claro es que se puede tener un envejecimiento saludable, óptimo o satisfactorio, aspecto que actualmente es el objetivo en las distintas sociedades, en oposición a lo que sería una vejez asociada a dependencia y enfermedad. Existen determinados factores que se han comprobado que favorecen aquel estado de bienestar durante el envejecimiento, entre algunas encontramos: participación social activa, control y conocimiento de factores que influyen en la salud física, salud emocional, hábitos de vida saludables, compromiso intergeneracional, apoyo social y familiar, interés y compromiso con la vida, entre otros.

Un aspecto bastante interesante y que influye notablemente en la calidad de vida durante el envejecimiento seria el mantenerse activo a lo largo de la vida. No solo se destaca su papel desde un punto de vista físico, sino también mental. En relación a esto último, hoy en día existen diferentes programas que, a nivel promocional, buscan mantener un funcionamiento cognitivo óptimo asociado a la edad, y también promover la motivación por nuevos conocimientos. Debe resaltarse que estimular no es lo mismo que rehabilitar concepto utilizado al trabajar con personas que sufren alguna patología, por ejemplo, enfermedad de Alzheimer. Por el contrario, cuando hablamos de estimulación lo hacemos desde un punto de vista preventivo, al intervenir sobre las diferentes capacidades cognitivas (memoria, atención, orientación, lenguaje, etc.), todo ello con la finalidad de generalizarlo a la vida diaria.

En un estudio realizado en el año 2011 por Rey, Canales y Taboas se concluyó que el programa de estimulación cognitiva que llevaron a cabo, produjo una mejoría subjetiva y objetiva en el funcionamiento cognitivo de los participantes. Sumado a lo anterior, podemos asegurar que existen diversos trabajos que han demostrado a lo largo de los años la efectividad e idoneidad de este tipo de intervenciones con personas mayores. Una adecuada intervención en las funciones cognitivas, como por ejemplo en la memoria, puede producir mejorías estables en las personas que la realizan. Parafraseando a Rocío Fernández-Ballesteros, una cosa son los problemas de memoria y otra, muy diferente, las quejas de mala memoria. Ninguna edad es mala para seguir aprendiendo, mejorar y mantener nuestras capacidades.

Esta misma autora nos habla de diferentes tipos de entrenamiento para mantener la actividad mental, y deseo compartirlos en esta breve reseña:

  • Entrenarse uno mismo, programándose actividades que le hagan ejercitar ciertas habilidades. Es conveniente seleccionar aquellas tareas que no suelen practicarse con frecuencia, y dedicarle un tiempo cada día. Por ejemplo: recordar la tabla de multiplicar, sopa de letras o crucigramas, sudokus o buscar detalles en las cosas que hacemos a diario (que normalmente no observamos).
  • Entrenarse solo, pero trabajando sobre un material previamente elaborado para aprender o ejercitar una actividad que no se practica. En las librerías se puede adquirir una serie de libros relacionados con el tema.
  • Entrenarse en grupo, participando en programas estructurados y organizados. Estos programas están dirigidos por un profesional capacitado y dirigido a reforzar diferentes habilidades.
  • Además de lo anterior, existen diferentes actividades que podemos realizar en el día a día que a su vez influyen de una manera positiva en nuestra memoria, como pueden ser: mantenerse ocupado en algún trabajo (voluntariado, algunas actividades de casa, clases, etc.); continuar tomando nuestras decisiones; tener un espacio vital agradable y adaptado a nuestras necesidades; mantener un estilo de vida saludable y activo; comprometerse en nuevas actividades, buscar algo que nos motive.

    Anímese a mejorar su memoria!

    Referencias:

    Calero, MD. & Navarro, E. (2001). La plasticidad cognitiva en la vejez. Barcelona: Octaedro.

    Fernández-Ballesteros, R. (dir). (2002).Vivir con Vitalidad (III): Cuide su mente. Madrid: Pirámide.

    González, B. & Muñoz, E. (2008). Estimulación de la memoria en personas mayores. Madrid: Síntesis.

    Rey, A., Canales, I. & Taboas, M.I. (2001). Calidad de vida percibida por las personas mayores. Consecuencias de un programa de estimulación cognitiva a través de la motricidad “Memoria en Movimiento”. Revista Española de Geriatría y Gerontología, 16(2): 74-80.

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